Un terreno de diez acres rara vez vale diez veces lo que uno de un acre: los compradores de lotes grandes son menos. Ahí nace la jugada de la subdivisión: comprar una parcela grande, dividirla en lotes del tamaño que el mercado sí busca y vender cada uno por separado.
Qué hace falta para dividir
- Lote mínimo permitido: el código de zonificación fija cuántos pies cuadrados o acres necesita cada lote resultante.
- Frente a vía: casi todos los condados exigen un frente mínimo sobre calle pública para cada lote nuevo.
- Servicios: cada lote debe poder resolver agua y aguas residuales. Si es séptico, cada uno necesita su propia área de drenaje aprobada.
- Plat aprobado: un topógrafo levanta el plano de división y el condado lo aprueba y registra.
Los números de la jugada
Suma el costo del survey, la ingeniería, los permisos, las mejoras exigidas (a veces calle o drenaje) y el tiempo. Compara ese total con la diferencia entre el valor del terreno completo y la suma de los lotes. Si el diferencial no cubre costos y un margen razonable, la subdivisión no vale la pena aunque sea posible.
La subdivisión más rentable suele ser la más simple: dividir en dos o tres lotes que ya cumplen todo sin obra nueva.
Errores frecuentes
Empezar el proceso antes de confirmar la percolación de cada lote. Olvidar que el condado puede exigir aceras, hidrantes o pavimento. Y calcular el tiempo en semanas cuando en la práctica son meses. Si vas a hacerlo, presupuesta el doble de plazo del que te digan.
Esta es una de las estrategias que trabajamos dentro de la formación de Landflipping, con casos reales de números y plazos.
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